Los Diablicos de Túcume a la realidad virtual

Conoce a Martín Granados Castro, gestor cultural, artesano de hojalatería y danzante de la danza de Los Diablicos de Túcume.


Su nombre es sinónimo de talento, compromiso y fe a la Virgen Purísima Concepción. Por algo es el capataz, el principal representante de la danza de Los Diablicos de Túcume, en la región Lambayeque. En esta nota de la Plataforma Saberes que unen te contamos su historia, éxito y trabajo.


Su devoción a la “Serranita”, como se le conoce de cariño a La virgen Purísima Concepción de Túcume, empezó cuando tan solo era un niño, hace 30 años atrás. En ese tiempo su familia atravesaba momentos difíciles por la enfermedad que padecía su hermano mayor. Hoy recuerda su promesa como si fuera ayer.


“Lo que hice fue orar con todo mi corazón a la Virgen Purísima Concepción. Le dije que si curaba a mi hermano yo le iba a danzar hasta que mis piernas me den. Hoy tengo 35 años y mis piernas gracias a Dios aún están fuertes y sigo cumpliendo (mi promesa), ya que mi hermano se logró curar. Hoy es un profesional y está con nosotros”, refiere el menor de ocho hermanos.


Así inició el vínculo entre Granados Castro y Los Diablicos de Túcume, declarada Patrimonio Cultural de la Nación en el 2013. El sudor que derraman los danzantes al bailar durante la procesión es un agradecimiento profundo a su patrona por el favor o milagro concedido. Pues su vestimenta se caracteriza por usar una máscara que cubre la cabeza por completo.


La fiesta religiosa se celebra en febrero, en el mes más caluroso del año.


Quienes practican la danza tienen que respetar un orden jerárquico. Se inicia siendo un diablico vasallo que forman las filas de la cuadrilla, luego se asciende a diablico regidor que son los diablos mayores y, finamente, después de muchos años de experiencia y compromiso te conviertes en diablico capataz, en el jefe de toda la cuadrilla de danzantes cuya responsabilidad principal es enseñar que la tradición no se pierda.



El arte creció desarmando cajas de cartón


Las máscaras que elabora Martín Granados son piezas exclusivas hechas a base de cartón y hojalata, de colores intensos, que causan más realismo. En sus obras artísticas utiliza una técnica propia que inició inconscientemente en su infancia y que fortaleció cuando fue convocado a colaborar en el Museo de Sitio de Túcume.


“Las personas que visitaban el museo buscaban a alguien que hable de Los Diablicos y que elabore una máscara, pero (no había). Yo elaboraba mis máscaras de niño. He desarmado cajas de cartón, leche, galleta. A veces la falta de recursos hacia que uno mismo elabore sus máscaras. Así inconscientemente me fui convirtiendo en un artesano”, recuerda con orgullo.


“Y como las personas buscaban más me obligó a capacitarme, a saber más de nuestra danza, seguir investigando y también la necesidad de recuperar la máscara de hojalata que se había perdido. Tomé la iniciativa de recuperar esta técnica de hojalatería”, agrega, tras comentar que prepara una nueva producción de artículos utilitarios basados en la cultura de Túcume.


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Nuestra cultura tiene mucho que ofrecer


Martín Granados sabe muy bien que ser gestor cultural no es una tarea fácil, vive en carne propia las dificultades, la falta de apoyo, presupuesto e interés de algunas instituciones. Pero eso no lo detiene. Su mayor satisfacción es el legado que está dejando a las jóvenes generaciones para que sigan difundiendo las artes populares y la cultura del Perú.


“Valoren lo que tenemos. Somos un país tan rico en cultura que a veces no sabemos. Lo único que puedo decirles es que ocupen su tiempo en cosas positivas, en cosas que les van a beneficiar. Nuestra cultura tiene mucho por difundir, mucho que ofrecer. Con esfuerzo se puede lograr muchas cosas, se puede salir adelante y hay que tener paciencia para todo ello. En la cultura tenemos un pilar importante para nuestro Perú”, destaca.


“Nosotros queremos seguir enseñando y que nuestra cultura siga creciendo. Por lo pronto nos mantendremos a seguir enseñando para que esto no se pierda que es lo más importante. La pandemia nos ha enseñado que hoy día estamos y mañana no estamos. Entonces creo que lo mejor que podemos hacer es dejar nuestra enseñanza, quien pueda seguir con esto. Eso es lo que queremos proyectar”, resalta.


La gente ya perdió el miedo a una cámara


Granados Castro está convencido que la innovación abre las puertas del desarrollo, por ello, no duda ni un segundo en afirmar que es una excelente idea llevar la danza de los Diablicos de Túcume a la realidad virtual, para que más personas sigan aprendiendo desde el lugar donde se encuentren.


“A mí me parece una idea excelente (llevar la danza a la realidad virtual). A lo largo de estos años mucho se ha hablado del turismo vivencial, pero nunca han venido y lo han practicado. Entonces, creo que a través de la realidad virtual la gente se conecta. La gente ya perdió el miedo a una cámara o un taller (virtual) y se pone a bailar muchas veces”, opina.


“Lo he comprobado en estos meses (de pandemia) y me he conectado con personas inclusive de otro país porque querían un taller de cómo aprender a bailar la danza. Se han conectado y han perdido el miedo. Estando en su tierra, en su país, han podido sentir lo que es un Diablico de Túcume, han podido conocer qué es una máscara”, concluye.


Las personas interesadas en participar en los talleres virtuales y conocer más sobre la danza de Los Diablicos de Túcume pueden comunicarse directamente a la cuenta de Facebook Martín Granados Taller Artesanal Diablicos de Túcume


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